Ruta de El Quijote: una experiencia cultural

 

 

Las rutas por España con mis padres, como dice mi hermano,  consisten en andar mucho y comer bien. Andar mucho por mi madre, que antes de salir de casa lleva bajo el brazo información de todos los lugares que vamos a ver: sitios de interés cultural como museos, castillos históricos, casas donde vivieron personajes ilustres, catedrales, pueblos con tradiciones y fiestas “curiosas”… Comer bien por mi padre, igual de interesado en hacer ruta turística que ruta gastronómica.

 

Desde el año 2000 hasta este pasado verano, hemos recorrido la geografía española y portuguesa en varias rutas: una ruta por Castilla y León, en la que vimos, entre otras muchas cosas, el Castillo de La Mota, en Medina del Campo, donde testamentó Isabel la Católica y degustamos la famosa cecina y el botillo típicos de León. Una ruta por la Sierra de Cazorla, en la que fuimos hasta el nacimiento del río Guadalquivir y presenciamos la Romería de la Virgen de la Cabeza en Andújar. Otra ruta por Madrid y Castilla, en la que visitamos Tordesillas e hicimos un repaso por la historia de la España del siglo XV, cuando se firmó el famoso tratado que lleva por nombre el del municipio. También visitamos el Convento de Santa Clara, donde estuvo recluida Juana la Loca y probamos el cordero asado típico de Peñafiel. Peñafiel estaba celebrando la fiesta de San Roque, con su típica banda de música que recorre el pueblo y la suelta de novillos y vaquillas en la plaza de El Coso.

Estas son las rutas que más he disfrutado, aunque sin duda, la que más me gustó, y la que considero que ha supuesto para mí una interesante experiencia cultural ha sido la Ruta del Quijote, que hicimos en 2001.

En esta ruta visitamos La Ciudad Encantada, a las afueras de Cuenca, poblada de rocas que adquieren formas de animales (elefantes, dinosaurios), personas (un indio) y objetos (árboles). En la ciudad de Cuenca visitamos la Catedral, situada en la plaza Mayor y probamos el Morteruelo, plato típico conquense.

 

 

 

La Ciudad Encantada, Cuenca

 

De allí hasta Mota del Cuervo, donde visitamos los típicos molinos de viento de La Mancha. Los molinos pueden visitarse cada primer domingo de mes. Uno de ellos todavía funciona, está abierto al público y en él muelen aún harina para que los visitantes vean cuál es el funcionamiento de un molino. En Mota del Cuervo comimos en un mesón diseñado a modo de casa manchega: chimenea rústica, herramientas del campo, suelo hecho con troncos de pino, orzas donde se guarda la carne en adobo, en aceite… Probamos platos típicos que, según el dueño del restaurante, aparecen el El Quijote de Cervantes. Uno de ellos era los duelos y quebrantos (jamón, chorizo, morcilla, tocino y huevo a modo de revoltillo).

En Campo de Criptana también visitamos algunos molinos. Un anciano nos enseño un molino-museo dedicado a Sara Montiel, que nació en el pueblo. Vestidos, carteles de cine, mantones e incluso un piano decoraban un lugar que antaño se utilizaba para moler harina.

 

 

 

Campo de Criptana, Ciudad Real

 

Ya en el pueblo de El Toboso visitamos la casa-museo de Dulcinea, casa típica manchega. Había desde utensilios para elaborar queso manchego hasta las mejores  ediciones de El Quijote publicadas en todo el mundo. En Argamasilla de Alba visitamos la Cueva de Medrano, donde estuvo preso Cervantes y donde se dice que empezó a escribir su famoso El Quijote. En un paraje algo inhóspito, cerca de las Lagunas de Ruidera,  nos adentramos en la Cueva de Montesinos, una  gruta subterránea plagada de murciélagos que aparece retratada en El Quijote.

En la Plaza Mayor de Almagro, visitamos uno de los teatros  más antiguos de España: el teatro barroco llamado Corral de las Comedias, en el que se representaron las mejores obras de teatro del Siglo de Oro español. En Almagro probamos las migas, gachas y pisto manchegos, y las berenjenas de Almagro y vimos cómo la típica artesanía del pueblo, el encaje de bolillos, se había convertido en un codiciado souvenir.

 

 

 

Corral de las Comedias, Almagro

 

En Puerto Lápice, pueblo de Ciudad Real decorado con divertidas esculturas de forja de El Quijote y Sancho Panza, nos acercamos hasta la llamada Venta de El Quijote, un restaurante en el que venden productos gastronómicos manchegos: queso, vino de Valdepeñas…

Ya en Toledo, fuimos hasta Consuegra, donde visitamos el castillo en el que se dice que murió Diego Rodríguez de Vivar, hijo de El Cid Campeador.

En Toledo ciudad vimos la Puerta de la Visagra, que da entrada al Toledo antiguo, la Catedral y la Casa-Museo de El Greco y el fantástico cuadro de “El Entierro del Conde Orgaz”. Allí comimos platos típicos como perdiz escabechada y mazapanes y conocimos la artesanía típica toledana: el  damasquinado aplicado sobretodo en piezas de joyería y las espadas.

 

 

 

El Entierro del Conde Orgaz, Toledo

 

Para finalizar la ruta visitamos Pastrana, en Guadalajara. Allí probamos la típica miel de La Alcarria y visitamos el Convento del Carmen, fundado por Santa Teresa de Jesús, la Cueva de San Juan de la Cruz, en la que se dice que el religioso escribió muchos de sus pensamientos y la Ermita de Santa Teresa de Jesús, cerca de la cual hay una curiosa zarza sin espinas que plantó la religiosa.

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